Hombre Lento (J. M. Coetzee, 2005)
7 Enero, 2006 Publicado por alex
Él, por desgracia, todavía no es un ser espiritual, sino una especie de hombre, de esos que no consiguen lo que los hombres han sido puestos en el mundo para hacer: buscar su media naranja, serle fiel y bendecirla con su semilla. Una semilla que, en la alegoría o tal vez en la analogía revelada por el hermano Aloysius, se ha olvidado de cuál de las dos es, representa la palabra de Dios. Un hombre ya no será entonces un hombre entero: será un medio hombre, la sombra de un hombre, como una impresión que queda en la retina después de cerrar los ojos; el fantasma de un hombre que mira atrás para lamentarse del tiempo que no ha aprovechado.
Sus abuelos Rayment tuvieron seis hijos. Sus padres tuvieron dos. Él no tiene ninguno. Seis, dos, uno o ninguno: a su alrededor ve repetirse la triste secuencia. Antes solía pensar que tenía sentido: en un mundo superpoblado, no tener hijos era seguramente una virtud, como el hecho de ser pacífico, como la paciencia. Ahora, por el contrario, no tener hijos le parece una locura, una locura gregaria, incluso un pecado. ¿Qué mayor bien puede haber que crear más vida, más almas? ¿Cómo se llenará el Paraíso si la Tierra deja de enviar sus cargamentos?
Cuando llegue a las puertas, san Pablo (porque para otras nuevas almas es posible que sea Pedro, pero para él será Pablo) le estará esperando. “Perdóname, Padre, porque he pecado”, dirá él. “¿Y cómo has pecado, hijo?” Entonces él no tendrá nada que decir, solo podrá mostrar las manos vacías. “Pobre hombre –dirá Pablo-. Pobre, pobre hombre. ¿Es qué no entendiste por qué te fue dada la vida, el don más preciado de todos?” “Cuando estaba vivo no lo entendía, padre, pero ahora sí lo entiendo, ahora que es demasiado tarde. Y créame, padre, me arrepiento, me arrepiento, je me repens, y con gran amargura.” “Entonces pasa –dirá Pablo, y se hará a un lado-. En la casa del Padre hay lugar para todos, incluso para las ovejas estúpidas y solitarias.”
2 Comentarios
1. Pi. | 11 Enero, 2006 a las 11:53 am
Después de disfrutar (y sufrir también) con Desgracia, veo que se me va a acumular el trabajo lector, éste también tiene muy buena pinta.
2. alex | 11 Enero, 2006 a las 12:13 pm
Sin ninguna duda la novela que más me ha gustado de Coetzee (lo que no quiere decir que sea el mejor).
Aquí también vas a sufrir (supongo que no tanto como con “Desgracia”; lo tengo ya un poco olvidado, fue el primer Coetzee que leí, hace ya unos cuantos años, antes de que le dieran el Nobel, pero recuerdo que me dejó muy mal cuerpo), pero en el fondo siempre queda la esperanza, el amor, aunque lejano y no correspondido.
Y, para rematar, la desconcertante presencia de Elisabeth Costello.